Todavía colea el gran partido que hizo el Sevilla con el
Madrid.
Y es que esa magnífica victoria a parte de los puntos ha dejado al descubierto cuestiones que gran parte
del sevillismo reclamábamos.
Desde hace bastante tiempo muchos sevillistas nos quejábamos
de la falta de actitud del equipo.
El pasado sábado se pudo comprobar que esa reivindicación
era legítima. Solo hay que comprobar la forma tan distinta en cuanto a la
intensidad con que los jugadores sevillistas se tomaron el partido.
Los sevillistas exigimos entrega máxima en todos los
partidos oficiales que se disputen, y no solo cuando nos enfrentemos al R.
Madrid.
Si retratado quedaron los jugadores, también quedaron Manzano,
Marcelino, Alvarez e incluso Michel.
Hasta Monchi diría yo.
El Sevilla llevaba bastante tiempo con problemas en el centro
del campo.
Centrocampistas con poco rigor tácticos, añadido a jugadores
que juegan muy pegado a la banda y otros que no aportaban lo que necesitaba el
equipo en esa parcela, han llevado al Sevilla a ser dominado un partido sí y
otro también.
Ninguno de los anteriores citados estuvo acertado para
solucionar ese desastre táctico que duraba desde que Jiménez utilizara a
Duscher en esa demarcación. Y mira que Duscher era malo.
Esta temporada Monchi ha incorporado a Maduro, un jugador no
de primerísimo nivel, pero si un buen jugador que hace una función en el campo a todas luces necesaria
e imprescindible.
Michel le dio el sitio y el equipo cambio sus prestaciones
radicalmente.
Todos incluido el hasta ahora “apagafuegos” Medel se acoplaron al nuevo centro del campo y el
equipo funcionó como un reloj.
Quizás no era tan difícil la solución.
El cambio considerable de las prestaciones de Cicinho y
Botía con las que aportaban Coke y Fazio y desplazar a la izquierda a Trochowsky
hicieron el resto.
Quizás este partido sirva como punto de inflexión para que
tanto el centro del campo recupere el equilibrio táctico y que los jugadores den
todo en el campo, como es su obligación.